domingo, 17 de marzo de 2013

La Rocosa de Moralzarzal. Una y no más.

Por primera vez me había apuntado a una de estas marchas multitudinarias que tan de moda están los últimos años. Esta no se trataba de una maratón tal cual, era de 48 kilómetros, lo que la hacía asumible para un globero como yo y no suponía todo el día con la bici, podía comer en casa. La marcha la verdad es que me pareció atractiva, englobada dentro del circuito 4 estaciones organizado por Last Lap, con amplia experiencia y que de un par de años a esta parte la gente no hablaba mal de sus marchas. Si que me hacía dudar los 2000 inscritos, mucha tela como no nos metan por una autopista. El caso es que a las 7:45 suena el despertador y allá que voy, a ver que me encuentro. Antes de las 9 estoy ya en el polideportivo de Moralzarzal y a las 9:15 he recogido el dorsal, me he bebido dos vasos de calo y comido unos cuantos pistachos, todo ello ofrecido por la organización. Desde luego, esto empieza bien, no hay colas para el dorsal y ya hay avituallamiento antes de empezar. A las 10 en punto se da la salida. Yo me coloco a cola para poder ir a mi ritmo sin que la gente me vaya atosigando por detrás, seré yo el que vaya adelantando gente cuando lo considere oportuno. Aunque todavía no ha empezado a llover, el color del cielo ya nos va poniendo en situación y me doy cuenta que esta vez Aemet no va a fallar, ha ido retrasando las lluvias toda la semana y cambiando la nieve por agua, pero el domingo era lluvia segura por más páginas de predicción que visitara. El inicio es una pista ancha con mucho barro y ya nos vamos haciendo a la idea de que nos vamos a mojar un poquito, hay mucho barro, aunque por lo menos es del que te hace resbalar y mancha la bici pero no lastra demasiado, y de momento se pueden ir salvando los charcos. Este primer tramo se hace muy lento, somos muchos y a la menor dificultad hay frenazos, pero no se lleva mal del todo y a partir de los 3 kilómetros ya podemos rodar más o menos a nuestro ritmo. Eso hasta que llegamos a la primera subida, sin ninguna dificultad y no demasiado exigente, pero ya hay gente que se para y se baja de la bici, así que yo viendo el ritmo de subida decido hacerla andando, voy a la misma velocidad y me evito algún enganchón. Una vez superada esta subida ya se va despejando más el tema, aunque si que se forma algún pequeño tapón que obliga aponer pie a tierra. A estas alturas ya llovía a gusto y habíamos pasado algún charco de esos que parece que la bici se va a quedar buceando. Lo bueno es que como vamos muchos ya ves que se pasa bien y te lanzas sin miedo aunque no veas por donde nadas. Y todo iba bien hasta que llegamos a las faldas de la Pedriza. Una vez dejada atrás la entrada al parque y con un pequeño paseo de empuja bike de 10-15 minutos llegamos a un sitio donde no se podía pasar con la bici ni yendo solo. Consecuencia: más de media hora parados. En algunos momentos me empiezo a mosquear, aunque tampoco demasiado. Para mi es un fallo de la organización meter a 2000 personas por aquí, no se puede hacer una marcha de estas y querer tener un recorrido divertido. Con tanta gente no puedes salir de las pistas y creo que si alguien de medio ambiente pasa por allí mañana y ve los destrozos que hemos hecho por intentar adelantar algo saliéndonos de la ruta marcada no me extrañaría que prohibieran estas marchas. Yo personalmente lo haría a no ser que fueran por pistas anchas todo el tiempo. Ya habíamos pasado lo peor y el cuenta marcaba ya 17 kilómetros, quedaba muy poco para el primer avituallamiento. Buena noticia, aunque parecía que eramos muchos, no me cuesta conseguir barritas, geles y fruta, muy bien este punto. Me zampo las dos barritas y sigo ruta que ya veo que se me va a hacer muy tarde. Al llegar a Becerril veo que hay otro tramo de empuja bike. Aunque me encuentro bien y no tengo frio, no estoy dispuesto a pasar otro rato con la bici parado. Son más de las 12, he pasado un rato con la bici, me he manchado y aunque no he hecho muchos kilómetros no me apetece seguir con esto, así que cojo la carretera y enfilo a Moralzarzal, ni ruta larga ni leches, a llegar cuanto antes al coche, ducharme y por lo menos a llegar a comer a casa. Entro en meta y ni paro, me voy directo al coche, guardo la bici y a la ducha. Aquí viene lo mejor de la carrera esta, las duchas eran bastante abundantes, al menos cuando yo he llegado había sitio para todos, y el avituallamiento final más que suficiente, bebidas, galletas, fruta y perritos calientes. Me zampo dos perritos, cojo la mochila de los regalos y a casa duchadito. Lo peor va a ser sacar toda la ropa embarrada en casa. Como experiencia no ha estado mal, me picaba el gusanillo de estas marchas y ya he hecho una. Es muy probable que alguna vez me piquen los amigos y vaya a alguna más, pero mi intención es no volver a pagar por una cosa de estas. No se puede hacer un recorrido medianamente atractivo para 2000 personas. Supongo que la lluvia lo habrá hecho todo peor, pero el trozo de recorrido que yo he visto me parece bastante aburrido y las partes divertidas no las disfrutas por la cantidad de gente, aparte de los tapones. Que no se entienda como una crítica a la organización, en todo lo que está en su mano han estado muy bien, quizá el tramo del tapón deberían haberlo cambiado, por ahí no pueden pasar ni 30 personas juntas sin bajarse, como para meter 2000, pero los avituallamientos, las instalaciones, la recogida de dorsales, etc, han estado muy bien, al menos lo que yo he visto. No pongo ni track puesto que no he hecho ni la mitad de la ruta, por camino creo que he hecho 23 - 24 kilómetros y he cogido la carretera para ir a Moralzarzal y abandonar. Después de probar esto de las marchas, creo que no volveré a escribir una entrada con las marchas que se celebren, para mi esto no es mountain bike. Lo bueno de la ruta, la zapas de invierno que me he pillado son buenas de verdad, hasta el final no se me han mojado los pies y eso que he estado en charcos con el agua por la espinilla.

lunes, 4 de marzo de 2013

Un paseo por el Soto de Viñuelas.


El pasado domingo me volví a juntar con uno de los grupos con los que salgo en bici de vez en cuando, aunque el invierno pasado fui bastante asiduo a sus rutas quincenales, hacía ya casi un año que por diferentes motivos no nos veíamos.

Aunque la asistencia no fue ni mucho menos elevada, si que fue suficiente para que nos diéramos una vuelta con la bici en un domingo en el que había estado de alarma por bajas temperaturas, así que la cosa prometía y además me permitiría probar mis recién compradas botas de gore tex en condiciones adecuadas.

La ruta elegida fue la que solemos hacer cada año como comienzo de temporada, bueno, la suelen hacer el resto, porque a mi no me gusta y normalmente me la salto. Además de no gustarme mucho el recorrido, me fastidia tener que coger el coche para ir a un sitio que no aporta nada respecto la Casa de Campo y no digamos El Pardo, pero esta vez y por ver a los compañeros me apunté.

Empezó todo como el culo, un poco antes de llegar a Sanse el coche empieza a calentarse. Me paro en una gasolinera y no tiene ni pizca de agua. Otra más para aumentar mi estima por esta ruta.

Relleno el depósito y llego al polideportivo de San Sebastián de los Reyes. Allí está ya Luc montando su bici, calzándose y demás zarandajas propias de la pereza que da montar en bici con este frio y a esas horas, y es que hacen falta ganas para levantarse un domingo a las 8 de la mañana con temperaturas bajo cero para darse una vuelta en la bici.

Al rato llega Santi y nos confirma que estamos todos, así que nos preparamos, nos vestimos y empezamos a andar. Para empezar una buena cuesta y nada más pasarla una bajada rapidilla para llegar a las afueras de la urbanización del Race (creo que se llama así), una ración de calle asfaltada y casoplones de los que nunca tendremos y vuelta a los senderos.

La ruta es bastante suave y discurre junto a la tapia que delimita el Soto de Viñuelas, que debe ser la finca privada de algún noble y que incluye castillo y todo.

Hasta llegar a los alrededores de Tres Cantos es la zona más entretenida, porque una vez que llegamos a las inmediaciones del polígono el camino se vuelve un poco más pestoso, con pistas más anchas, paisajes menos verdes y un poco sensación de estar rodando por descampados en lugar de por el monte.

En esta zona ya empezamos a cruzarnos con más gente, ya es media mañana, ha salido el sol y el tiempo no es como lo habían pintado, al final se va a quedar una buena mañana y todo. Nos cruzamos con bastantes ciclistas a los que se nota que están empezando en esto y con bastantes corredores, algunos casi van más rápido que nosotros, para que os hagáis idea del ritmo.

A estas alturas Santi ya dice ir tocado y bajamos un poco el ritmo.

Sin más que comentar llegamos al carril bici y hacemos el tramo correspondiente hasta llegar al cementerio de La Paz, donde empieza el camino de vuelta.

Esta parte es bastante entretenida, es ligera bajada y vamos a buen ritmo, eligiendo según el tramo entre la pista ancha y el sendero estrecho que va a su lado.

Y cuando creíamos que estaba todo hecho y que no nos íbamos a cansar más, nos llega una subida bastante interesante. Me pongo a tirar, aunque eso solo lo note yo al sentir el cansancio, no porque se aprecie un ritmo decente, y cuando llego arriba no veo a mis acompañantes. Me extraña tanta distancia, pero lo mismo van tocados de verdad. Cuando llegan a mi altura me devuelven al suelo, en una bajada se han chocado y han caído, aunque no se han hecho nada han perdido algo de tiempo y por eso he llegado con tanta diferencia arriba.

Y esto ya si que es el final, un pequeño tramo de llaneo hasta salir de la tapia y vuelta a los coches.

Otra vez que no he disfrutado esta ruta, el recorrido no tiene grandes atractivos para mi, pero es que además por una cosa o por otra siempre me pasa algo que me fastidia la ruta. La primera vez fue en una nocturna y era no llevar la iluminación adecuada, otra vez los continuos retrasos y ver que no llegaba a comer a casa y esta vez pensando en el coche, en si podría llegar a casa y el palo de la reparación.

Tengo que probar algún día a hacerla desde casa para meter kilómetros, aunque tampoco me hace gracia ir por el carril bici con la de montaña, por lo menos si será una ruta durilla con 30 kilómetros de carril y otros 30 de campo.
Yo personalmente no recomiendo esta ruta si vives en Madrid, pero si te pilla cerca de casa es una buena opción para rodar por el campo y para iniciarse en esto, hay zonas de senderos que si se hacen entretenidas, aunque para mi pesen más los tramos en la urbanización y la parte de llegada a Tres Cantos.

domingo, 13 de enero de 2013

XXX Cross de invierno AD Ciudad de los Poetas.


Aunque no es el objeto de este blog hablar de otras cosas que no sean bicicletas y afines, voy a hacer una excepción. Ayer domingo 16 de diciembre se celebró la trigésima edición del cross de invierno Ciudad de los Poetas. Ya he participado en alguna otra carrera, pero esta es en mi barrio y se hace desde hace 30 años gracias a la ilusión y el esfuerzo de los componentes de la Agrupación Deportiva Ciudad de los Poetas, y por eso os pongo aquí la crónica de lo que fue una entretenida mañana.

Si buscáis por internet, casi todas las referencias a esta prueba van en la misma línea, cross más bien durillo a pesar de la corta distancia y gran ambiente para pasar una buena mañana, destacando el trato y la amabilidad de todos los miembros del club organizador.

Aprovechando la ocasión, quedamos unos cuantos padres del cole para correr nosotros y luego que corrieran los niños, pues además de las carreras de todas las categorías oficiales, al final hay una carrera de chupetines, la guinda a toda la fiesta y que los niños disfrutan como ninguno.

La mañana se presentó nublada aunque aparentemente sin excesivo frío, aunque a lo largo de las carreras más de uno se fue destemplando hasta el punto que alguna de las acompañantes terminaron muertas de frío, no así los atletas, a los que las cuestecillas del recorrido calentaron a base de bien.

Con un poco de retraso empezó la carrera de veteranos, que es la que me toca ya desde hace unos años, menos mal, por lo menos quedaré delante de alguna jubilada. El objetivo es hacer un tiempo menor de 35 minutos y quedar por delante de algún padre del cole, vamos, no ser el último de los conocidos.

Ya en la salida numerosas caras conocidas del barrio, y es que esta carrera empieza a tomar la función que en su día tenían las fiestas del barrio, todos los amigos de pequeños y jóvenes que pasábamos horas y horas juntos ahora ya solo nos vemos en ocasiones muy concretas, y esta parece que es una de ellas para cada vez más gente.

Empieza la carrera y teniendo presente la experiencia del año pasado, mejor no forzar ni siquiera en la bajada inicial, que al final todo se paga. Antonio, Diego y yo vamos juntos, esta primera vuelta es un poco complicadilla porque somos bastante gente y el camino tiene surcos y árboles por el medio, así que mejor ir con cuidado, ya adelantaremos a los que podamos más adelante, que 6 quilómetros dan para mucho.

Pasados los primeros metros de bajada empiezan los requiebros para que el recorrido no sea primero subir y luego bajar y de paso hacer algunos metros más. El año pasado estas curvas me mataron, cuando crees que ya llevas media vuelta o que sólo te queda enfilar hacia la zona de meta, otra curva y para atrás, encima con cuesta, así que habrá que dosificarse.

Una vez pasada esta zona toca ya la subida de verdad. Aunque a simple vista tampoco parece tan empinada, el caso es que por muy cortos que des los pasos te vas cansando cada vez más, definitivamente me va mejor ir en bici que correr. Menos mal que poco antes de meta están la familia y los amigos que te dan ánimos para llegar dignamente al final, y así 3 vueltas.

Al final ,en la última vuelta, consigo alcanzar a un conocido y dejar atrás a dos de los padres del cole, así que objetivo cumplido, y con un tiempo de 32 minutos aproximadamente.

Coca cola, revista y a cambiarse para esperar a que corran los niños, que ya están como locos y no hacen ni caso a las carreras.

En definitiva, os recomiendo que acudáis a esta carrera y cualquier otra que se le parezca, porque te lo pasas bien, los niños disfrutan, haces ejercicio, se lo merecen los que con tanta ilusión lo organizan y porque es gratis.
Por cierto, este año han batido record de participación y para el año que viene es posible que se limiten las inscripciones o se ponga fecha límite para no estar dando dorsales hasta 5 minutos antes de la salida. En todo caso, veréis como todo son facilidades y pasáis un rato agradable.

A Colmenar otra vez, esta vez con la gorda.


Vista panorámica de Madrid. Tomada desde la pista del Canal de Isabel II entre Tres Cantos y El Pardo.

 

Pues dos semanas después de mi paseo con la flaca, vuelvo al mismo lugar pero por otro camino.

El plan era ir a El Escorial, pero a última hora decidimos que con el frío que hace no es plan ir a hacerse una ruta que tiene tramos no ciclables para globeros como nosotros y que mejor ir a Colmenar. En principio no me atrae mucho la idea, pero me prometen llegar hasta allí sin pisar asfalto y eso, sea bonito o no el camino, tenía ganas de conocerlo desde hace muchos años.

La excursión incluye bocadillos, tengo el día libre, desde el verano no había librado y también echaba en falta una ruta de las de varias horas y sin prisas por volver.

A las 10:20 nos ponemos en marcha, lo bueno de esta ruta es que salimos montados desde casa, ni coche ni tren ni nada, 2 quilómetros y a la tapia de El Pardo y desde allí todo pista hasta se supone que Colmenar.

Hace varios años que no hacía ese camino, el trozo entretenido está a partir de la clínica SEAR y la última vez que pasé por allí había demasiada vegetación como para pasar con la bici y el talud hasta la vía del tren imponía respeto. Ahora la vegetación está bastante más cuidada, no es que haya menos, es que han debido limpiar un poco el monte, y las vías han desaparecido, y no es lo mismo ver una cuesta que si se te va la rueda terminas en la vía que ver la misma cuesta por la que puedes bajar haciendo la croqueta con el riesgo de unos raspones como máximo.

El camino empieza subiendo junto al campo de golf por la parte interior de la valla del monte de El Pardo, para cruzarla en cuanto pasamos el campo y coger la pista que va paralela a la valla hasta la clínica, antes del Goloso. Este tramo la verdad es que no me gusta mucho, es como un descampado que vas atravesando por una pista con muchos surcos en algunos tramos.

Una vez en la clínica se coge el sendero que va paralelo a la vía junto a la valla, nuestra compañera casi toda la mañana, es la parte más entretenida del trayecto, es un sendero ratonero, con alguna cuesta en la que echo pie a tierra y con muchas curvas y repechos. Por este sendero llegamos a la estación de cercanías del Goloso. Algo gordo debe haber en el cuartel porque está todo lleno de coches y gente con vestidos bastante elegantes. Una vez pasado el aparcamiento y sus alrededores, cogemos la pista que va junto a las vías del AVE. Es toda recta si la miras desde arriba, pero desde la pista lo que ves es un auténtico y pestoso rompepiernas, todo cuestas bastante empinadas, subes y vuelves a bajar para volver a subir inmediatamente otra vez, la verdad es que es muy cansado.

Así llegamos hasta Tres Cantos. Un poco antes de llegar el camino está cortado por el Aula de Naturaleza, lo que nos obliga a ir para atrás y buscar un paso hasta el carril bici para poder continuar, es el único tramo de asfalto de todo el camino. Hacemos ese quilómetro hasta el hotel de Tres Cantos y ahí volvemos a dejar el carril para coger una pista que se va alejando poco a poco de la carretera y que está marcada como Camino de Santiago, confiemos en que llegue a Colmenar, porque a estas alturas ya va pesando la sed.

Enseguida vemos una fuente, pero cuando nos acercamos no tiene agua, o alguien ha cerrado el grifo si lo tiene o las últimas lluvias todavía no han llenado el acuífero que tanto habrá sufrido durante el verano. El caso es que aunque no haya agua, decidimos comernos el primer bocata al solecito, hace frio, pero al sol te puedes permitir hasta quitarte la chaqueta y estar más o menos a gusto.

Colmenar se ve ahí al lado y parece que este camino si que nos va a llevar hasta allí.

Ya pasado el cementerio toca comerse el otro bocata al lado de una ermita que hay junto a la carretera, la verdad es que la ruta se nos ha hecho corta y decidimos volver para ver si encontramos el paso en la zona que estaba cortada.

Esta vez si cogemos el carril bici y llegamos a Tres Cantos en un momento, aquí es donde parece que llega el camino que estaba cortado pero en este lado está abierto. Pero la alegría dura poco, después de una bajada nos encontramos otra valla que nos impide el paso, así que media vuelta y a seguir por el carril hasta el goloso para volver a coger el sendero, a ver si en sentido contrario podemos pasar sin bajarnos de la bici. En la primera cuesta grande si que la bajo, pero las dos siguientes se nota que ya no estoy para arriesgar y las bajo andando, es lo que tiene la edad, no se ven excesivamente complicadas, pero uno ya es viejuno para estas cosas.

Sin más incidencias llegamos al cruce de la carretera de El Pardo a Fuencarral. Aquí decidimos meternos en nuestro coto particular que es el monte de El Pardo y volver a cas por el camino habitual de las salidas domingueras de toda la vida, mucho más entretenido que la pista que va por fuera de la valla.
En definitiva, un buen día de bici y aunque parecía que no había hecho grandes esfuerzos, los 60 quilómetros pesan y por la tarde casi no puedo ni moverme, como hacía tiempo que no me pasaba. Ruta aceptable, más que nada por saber como llegar hasta Colmenar por el campo y si algún día estamos en forma se puede intentar ir desde casa hasta la sierra sin coger el tren.

sábado, 12 de enero de 2013

A Colmenar con la flaca

Después de unas cuantas semanas sin actualizar el blog, cuelgo la rutilla que me hice hace ya diez días para probar mi última adquisición. Después de la desastrosa última salida con mi Macario de carretera, en la que me tuve que volver 18 quilómetros con la rueda pinchada, decidí modernizar mi flota de bicicletas con una nueva flaca. Bueno, nueva entre comillas, porque es otra adquisición de segunda pata por lo menos, pero al menos ya lleva tecnologías más modernas como los cambios en las manetas de freno y 9 piñones. Esto me permite que si un día me da por utilizar la bici de carretera más de 3 veces al año como hago ahora pues puedo ir poniéndole cosas nuevas como hago con la de montaña. La flaca en cuestión es una Giant Pelotón Super Lite, largo nombre para la bici en cuestión, que debe ser la gama de entrada de Giant de hace unos años, aunque va montada entera en Shimano Tiagra, lo que ya se agradece, al menos todas las piezas son de un nivel similar y tratándose de Shimano seguro que un nivel más que eficaz, aunque sea de la gama media-baja de carretera. La verdad es que las fotos que había colgado el anterior dueño en internet para su venta no le hacen justicia, cuando la saqué de la caja me sorprendió lo bonita que era, el buen estado general y sobre todo las ruedas. Probablemente sean unas ruedas peor que normalitas, pero el perfil alto en tonos azules le dan un toque de nivel a la bicha. El cuadro es de aluminio en colores amarillo, azul y rojo, bastante alejado de las tendencias actuales pero bastante llamativo, con unos buenos acabados y la calidad general que se puede esperar del primer fabricante de bicicletas. Vamos ya a la ruta, aunque la verdad es que no tiene gran cosa, como el 90% de las veces que decido salir con la bici de carretera mi destino es el carril bici que une Madrid con Colmenar. Suelo empezar por el anillo verde a la altura del campo de golf por donde se accede al monte de El Pardo y desde allí en poco tiempo estoy en el cruce con la carretera de Colmenar, aunque con unas buenas subidas ya en las piernas. El primer tramo del carril está en bastante mal estado, hay que cruzar con la intersección de la M-40 y lo que debía ser una medida provisional durante las obras parece que ha quedado como definitivo, el suelo es de hormigón bastante irregular, muy estrecho y sin marcas separando los carriles, la separación con los coches es en algún tramo un simple bloque de cemento y va muy pegado también a la valla que impide el paso a las vías del tren. Menos mal que es poco trozo y a partir de ahí la cosa cambia y el firme mejora bastante, está más o menos liso y bastante limpio, que siempre es de agradecer sobre todo circulando con las ruedas finas que se pinchan con nada. Hay algunos pasos subterráneos con poca visibilidad y estrechos que obligan a advertir de nuestra presencia a los que vengan en sentido contrario para evitar sorpresas, pero son apenas dos sitios. Nada más coger el carril me adelanta un hombre que aunque no lo sabía me iba a acompañar la mitad de mi ruta, aunque al principio me sacó algo de ventaja enseguida cogí el mismo ritmo que él y le mantuve a la vista. Me sorprendió que cuando cogía a otros ciclistas les pasaba a toda velocidad, aminorando la marcha poco después, debió ser lo que hizo conmigo. El caso es que en un tramo en el que sin darme cuenta aceleré un poco más le di alcance, la verdad es que el tío iba fuerte y no pude adelantarle, me mantuve a una distancia prudencial para que no pareciera que iba chupando rueda durante unos quilómetros y en un pequeño repecho le pasé. Viendo el ritmo pensaba que se dejaría coger unos metros de ventaja y seguiría a su rollo, pero el tío se puso a mi rueda, ni me adelantaba ni se alejaba. No se si esto es normal en carretera, pero a mi me puso un poco nervioso. Hasta Tres Cantos la ruta es bastante llana, aunque pica un poco hacia arriba , de lo que te das cuenta a la vuelta, se va muy bien y se cogen fácilmente velocidades constantes de 25 – 30 km/h. El caso es que en ese tramo rodamos más o menos a la misma velocidad y a ritmo constante (excepto cuando alcanzaba a alguna grupeta). Un poco antes de llegar al desvío de Tras Cantos a la altura del hotel decidí pasarle, como he comentado pensaba que se quedaría un poco atrás, pero el tío decidió hacerme la salida entretenida pegándose a mi rueda. El caso es que nos picamos los dos y nos hicimos unos quilómetros en plan profesional, en el llano se me pegaba a rueda y en los repechos yo apretaba para que no pudiera pasarme. El paso de los quilómetros iba haciendo mella en mí y ya en el tramo entre Tres Cantos y la primera salida de Colmenar iba bastante tocado, lo que pasa es que a ratos dejaba de oír las ruedas de mi acompañante, lo que me hacía pensar que él estaba peor todavía. Este tramo que acabo de comentar es bastante más duro que el anterior, deben ser apenas 10 quilómetros o menos, pero pesan bastante más que los 20 anteriores, hay bastantes repechos y la carretera ya va constantemente hacia arriba, sin ningún disimulo, y eso se va notando en las piernas. El caso es que poco después de la salida hacia Colmenar yo decidí que hasta allí había llegado, me paro y a comerme mis barritas, que después de un calentón saben mejor, y que mi acompañante siga la ruta hasta donde llegue. Media vuelta y para casa, en este momento llevo 25km/h de media, no está nada mal para lo que acostumbro y en la vuelta lógicamente la media mejora porque es bajada y hay trozos que sin dar apenas pedales se puede rodar cercano a los 40 km/h, incluso me da para hacer casi todo el camino de vuelta en plato grande, que para mi en una de carretera son palabras mayores. Sin más incidencias llego al trastero, guardo la bici y a desayunar, que es lo que mejor sabe de la bici. Lo que pensaba una salida tranquilita para probar mi nueva burra se ha convertido en una buena mañana de bici y con un buen ejercicio. Respecto a la bici, muy contento, la talla o la geometría o lo que sea parece que me viene mejor que mi antigua Macario y solo me falta ajustar un poco los cambios y aprender a manejar las manetas, porque muchas veces aprieto las dos a la vez y no consigo cambiar.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Probando los frenos Shimano XT.


Los míos son los negros.



Después de mucho pensar y dudar, de darle vueltas a si darme el capricho o ahorrar los euros para otra cosa, de leer como se instalan, la tienda más barata, la más fiable, la longitud de los latiguillos, el tipo de pastillas y no se cuantas cosas más, finalmente me animé a comprar los frenos Shimano XT del año 2012.

La compra la realicé como casi siempre para cosas caras, por internet, pero esta vez, la tienda era española. A diferencia de la mayoría de productos, estos frenos tienen un precio bastante uniforme en muchas tiendas de países diferentes. Incluso en tiendas físicas de nuestro país el precio es similar o inferior a mis tiendas de referencia en la web. La razón no la conozco, aunque supongo que el hecho de que se vean pocas bicis con estos frenos de serie hace que no haya muchas unidades OEM, que son las que te venden las tiendas del norte de Europa a precios inalcanzables para las tiendas de aquí. Al final 160 euros del ala y rezando para que en el proceso de corte de los latiguillos no se pierda mucho líquido y no haya que purgar, porque si no a esto hay que sumarle lo que cueste el aceite, que tiene que ser el propio de Shimano, porque esta es la primera pega de estos frenos, el líquido no es el típico DOT que puedes comprar casi por litros en el hipermercado.

La primera sorpresa, cuando llegan a casa. Vienen en sus cajas originales, con instrucciones y accesorios para proceder al corte del latiguillo a la longitud deseada. Tanto comprar las unidades de oferta hace que esto, que debería ser la norma, parezca una rareza.

Ahora toca medir los latiguillos de mis viejos frenos y cortar los nuevos a la misma medida. A empaparse de vídeos por internet y mensajes en diferentes foros para no liarla, un fallo en esta fase y es posible que haya que ir a la tienda a que nos corrijan el desaguisado. “Mira, es que me han regalado estos frenos y al ponerlos…, pues no se qué he hecho que no funcionan, ¿Podría arreglármelos e instalármelos?”. “Si mira chaval, son 50 euros o así, depende del material que tengamos que poner” mientras piensa “y la próxima vez lo mismo te compensa pagarte un viaje a Luxemburgo y que te los arregle el que te los vendió”.

 


El proceso es sencillo, se afloja una tuerca, se corta el latiguillo con unas tijeras fuertes o un alicate pelacables a la longitud deseada con cuidado de que no salte mucho líquido, se coloca la oliva y el pin terminal del latiguillo y se vuelve a meter este en la maneta. Ya solo queda apretar la tuerca para que la oliva se deforme y consiga la estanqueidad necesaria para que funcione el circuito hidráulico.

Ya falta lo más sencillo, colocar pinza y maneta y a probar. Bueno, a probar como se termina el recorrido de la maneta y esto no frena ni siquiera sin ciclista. Ya la hemos liado, esas gotitas resulta que eran las suficientes para que esto no funcione. Menos mal que estos frenos tienen más ruedecitas y tuercas que un coche alemán y tocando la que más se ve se aleja la maneta y esto ya frena. Ya podemos salir.

La primera bajada por la calle para probar, con cuidado que al principio estos aparatos no frenan hasta la segunda o tercera salida, pero estos en el primera semáforo se clavan, menuda maravilla, tocas la leva con un dedo, porque con los grip shift no llegas a más, y la bici se para en seco, una sensación de ligereza del mecanismo, una suavidad en todos los accionamientos, esto es una maravilla, y todavía tienen que mejorar según cuentan.

Los he pedido con pastillas de resina y disipadores, son mucho más llamativos y según dicen, las pastillas de resina frenan mejor a costa de un desgaste más rápido, eso ya lo veremos. En cuanto a los disipadores, no creo que sirvan para nada, pero son chulos. La pega es que las pastillitas cuestan entre 25 y 30 euros, así que cuando se gasten estas habrá que tirar de las normales.

Probando los frenos y más contento que chupito, llego a la cuesta que da acceso al monte de El Pardo, no es plan frenar en esta subida que te pone a tono, así que las pruebas las dejo para la bajada de los peraltes y las posteriores, se supone que hoy con ya 40 kilómetros las pastillas tienen que estar a tope de rendimiento, así que las conclusiones ya pueden considerarse definitivas.

Sorprende la suavidad de funcionamiento y la sensación de ligereza que transmiten las manetas, es como si no pesaran, sin que esto provoque sensación de fragilidad o escasa resistencia, la ausencia de holguras y el aspecto robusto de todo el conjunto transmiten una confianza que se ve acrecentada por los comentarios y el prestigio de Shimano, estos frenos, según dicen, no necesitan apenas mantenimiento y es muy complicado que hagan los típicos chillidos de otros frenos.

El tacto es suavísimo, no hay que hacer apenas fuerza para conseguir detener la bici. Esto se hace una cualidad indispensable porque las manetas son algo cortas y cuando llevas los cambios de puño giratorio como es mi caso, se hace complicado mantener dos dedos en la maneta en las bajadas. De momento con un dedo se frena bien, pero si con el tiempo el rendimiento desciende, puede llegar a ser un problema.

La regulación de la frenada es también muy buena, según vas accionando la leva, la fuerza de frenado aumenta progresivamente hasta bloquear las ruedas en cualquier circunstancia.

Por lo que he podido leer, la frenada mejora muchísimo si con los frenos adquirimos los discos con tecnología Ice Tech. Son los discos que se supone van en la misma serie que estos frenos y que según Shimano consiguen una gran refrigeración. No se si será cierto, pero el caso es que son un desembolso importante y no tienen aspecto de ser excesivamente ligeros, con lo cual no creo que los compre. De momento sigo con mis discos que venían con los Hayes 9, ahora ya es lo único que queda de la bicicleta original, la recomendable rockrider 8.1.
Resumiendo. Estoy muy contento con la compra que he hecho, después de dos días de uso la diferencia de frenada con los Hayes nine es bestial, ya empiezo a pensar que a pesar de tener las pastillas casi nuevas, algo raro había, porque aunque nunca noté falta de frenada, comparados con estos los Hayes eran una patata, con 10000 kms, eso sí, tendré que esperar unos añitos para ver cómo llegan estos a esa edad.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Otra vez en El Pardo.


Después del verano y entre las excursiones largas y las vacaciones, la verdad es que llevaba ya casi 3 meses sin pisar mi circuito de mountain bike particular. Han sido 3 meses en los que he disfrutado de unas rutas con vistas magníficas, paisajes espectaculares y retos ciclistas en forma de puertos que tan solo hace un par de años no estaban a mi alcance pero que gracias a practicar regularmente y esforzarme un poco he pasado decentemente.

Aunque carece de largas subidas y sobre todo del verde que podemos encontrar en la sierra, no me cansaré de repetir que un sitio como El Pardo es un lujo para los amantes del ciclismo de montaña y que la gente que no conoce Madrid ni se imagina que puedas salir de casa montado en la bici y en 10 minutos estar rodando por un sitio así.

Esta era la segunda salida de la temporada, la primera fue la Casa de Campo la semana pasada, buen lugar para probar el estado de forma que nos ha dejado el verano y el mes de inactividad, pero ya viendo que el nivel era aceptable, decido darme una vuelta por estos montes que supongo que gracias a ser el coto de caza del rey permanecen prácticamente inalterados, al menos en cuanto a construcciones se refiere, permitiendo que podamos disfrutar en cualquier momento de algún sendero divertido y alguna bajada con cierta dificultad técnica (las hay bastante difíciles, pero no se bajarlas).

Como siempre, la entrada la hago junto a la tapia del campo de golf, que tiempos en los que esto era un descampado y algunos moteros podían practicar motocross, ahora desde luego es algo más bonito de ver, aunque a cambio no lo podemos disfrutar a no ser que juguemos al juego de los palitos. La cuesta es bastante importante, como calentamiento no está nada mal, y hace que me plantee el por qué me he levantado de la cama para montar en bici si podía estar durmiendo un rato más, pero el ansia por probar mis nuevos frenos XT recién puestecitos ha podido más que el sueño.

Al acabar la subida me duele hasta la cabeza, paso por la primera de las bajadas y solo de pensar en la subida posterior y el repecho final me hace desistir de tirarme por ella, ya habrá días para volver a probar si soy capaz de subir hasta arriba montado o el montículo final puede conmigo, hoy de momento he decidido no despertarle y dejaremos el tema para otro finde.

La que no perdono es la bajada de los peraltes, entre otras cosas porque no se otro sitio por donde bajar, así que me tiro por la cuesta para hacerle el primer examen a mis flamantes frenos, sabiendo, eso si, que las pastillas necesitan cierto rodaje para rendir, pero la sorpresa es mayúscula, esto frena de maravilla, una de dos, o antes llevaba una patata y cualquiera hubiera sido una maravilla a su lado, que es probable, o estos frenos son mejor todavía de lo que cuentan. No quiero ni pensar si en dos o tres días van a frenar todavía más y mejor que ahora.

El terreno está bastante roto, el verano ha pasado factura y aunque no ha habido tormentas fuertes como el año pasado, hay bastante arena suelta y sobre todo alguna zona con muchos baches, sobre todo el cuestón que hay un poco antes de cruzar la carretera, está lleno de surcos y roderas que hacen que casi tenga que poner pie a tierra. Por esta vez me ha librado, pero será un tónica general a lo largo de la mañana el poner pie a tierra.

Al llegar abajo del todo, la zona de arena de rio parece todavía más grande de lo habitual, aún así consigo subir el repecho posterior, así que no debe ser mucho más grande que antes del verano.

Ahora toca la zona de respiro entre los pinos antes de afrontar la subida más dura de las que conozco por aquí, poco antes de llegar a la gasolinera me desvío hacia la derecha y afronto la subida que me llevará hasta la fuente de Valpalomeros pasando por el poste de alta tensión y su terrible repecho. En algunas zonas la arena hace muy dura la subida y gracias a que antes del verano jubilé mi plato de 36 dientes y volví al de 32 he podido subir sin tener que poner el molinillo, lo bueno es que parece que voy dejando atrás el sueño y la verdad que me siento fuerte. Parada en la fuente, barrita de cereales y a por las bajadas buenas.

En la primera disfruto como un enano y me permite exprimir mis nuevos frenos al máximo, gozando con su suavidad y la poca fuerza que hay que hacer sobre las manetas para que la rueda se pare con la fuerza que desees en cada momento.

Esta cuesta me ha dejado junto a la valla que delimita la zona cerrada para el público. Aquí puedo observar un ciervo pastando tranquilamente, ya queda poco para la berrea durante la cual las estampas de ciervos son bastante abundantes en esta zona.

Subo la cuesta que va paralela a la valla y nuevamente me encuentro bastante bien, tampoco puedo decir si es que iba más despacio de lo habitual y por eso no me fatigo mucho, pero la cuesta final con las raíces la sorteo con más o menos facilidad sin tener que parar ahogado al llegar arriba como me ocurre otras veces.

Ahora toca la bajada por el mirador. Aquí empiezan los problemas. A media bajada hay una bifurcación que a pesar de haber tomado como cientos de veces, todavía no soy capaz de saber a dónde me lleva cada una de las dos opciones. Hoy cojo la izquierda y resulta ser la que tiene el tramo complicado al final. Otras veces no he tenido problemas, pero hoy hay mucho surco y a media bajada no se qué hago pero me veo rodando cuesta abajo, así que antes de hacer la croqueta suelto la bici y que ruede ella, que no tiene que sentarse en ningún sitio y se puede manchar.

Termino la bajada y afronto la subida por el lado izquierdo de la carretera, no me acordaba que esta subida se me hacía tan larga, no es que sea especialmente dura, pero siempre voy engañado pensando que es más corta de lo que realmente es, y eso machaca más que los porcentajes en algunas ocasiones.

Desde arriba, cruzo la carretera, voy a la fuente otra vez e inicio la bajada que me dejará junto al puente de la vía del tren. Aquí hay dos opciones, bueno, tres. Volver para casa sin subir, subir paralelo a la vía por un camino bastante duro y subir hacia el Palacio de la Quinta. Descarto las dos primeras, en el medio está la virtud, ni demasiada dureza ni volverse para casa. Empiezo la subida y veo otros 3 ciclistas que suben por la carretera y me van pasando. Como un crío me pico con ellos aprovechando que ellos no me ven y no puedo hacer el ridículo, lo que me lleva a que en un momento dado en vez de mirar el camino les miro a ellos y a rodar por el suelo. Esta vez no he podido abandonar a la burra, menos mal que iba cuesta arriba y despacio y no me hago nada.

Una vez en el bar, sigo la subida ya junto a la tapia camino a casa, es un tramo duro, por la pendiente y por las raíces y surcos, pero también lo paso aceptablemente.

Después de esta subida no me puedo ir para casa por fuera de la tapia, así que busco el club de tiro y bajo más o menos bordeándolo, con cuidado porque no sería la primera vez que me confundo de camino y termino viendo caer alrededor perdigones sueltos y hoy se oyen bastantes disparos, pero llego bien hasta abajo.

Desde aquí el camino es más o menos llano hasta llegar a la M40, la última subida para superar uno de los túneles bastante menos transitado que los días laborables y volver a la tapia del campo de golf.

Jornada concluida, termino contento por lo que me han gustado los frenos y sobre todo porque me he encontrado bastante bien. Últimamente estoy muy perezoso y me cuesta un montón ir a nadar, coger la bici y no digamos correr, que todavía no he ido desde hace más de 4 meses, pero las veces que me pruebo un poco curiosamente el rendimiento no es malo, así que lo de nadar parece estar dando sus frutos.
Un buen amigo se ha comprado bici y parece que está haciendo casi todos los fines de semana rutas bastante chulas, a ver si puedo acompañarle más de un día y este blog se enriquecerá con las experiencias.